2 Votos Votar

Nicaragua decidió su posición a última hora

Publicado por nicaragua24 Noticias| nicaragua decidi posicin ltima hora


CambioClIIEl Gobierno de Nicaragua tuvo problemas para definir la posición que tomaría en la reunión mundial sobre el cambio climático. Hasta hace pocas semanas, parecía tentado por la opción de apoyar a los países ricos, pero al final decidió quedarse “en el barrio”


Wilder Pérez R


CUARTA Y ÚLTIMA ENTREGA


Hasta hace pocas semanas, Nicaragua se encontraba indecisa sobre cuál posición tomar frente al cambio climático, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague, conocida como COP15. Al final se quedó “en el barrio”, al apoyar a los países vecinos, similares en amenaza y vulnerabilidad ante el calentamiento global.


Un total de 192 países del mundo llegaron a Copenhague el lunes, compuestos en distintos bloques, para presentar propuestas para enfrentar el cambio climático.


En resumen, los países desarrollados quieren que todos paguen la factura del cambio climático por igual, pero el resto cree que son los primeros los que deben asumir sus responsabilidades, las cuales deben conllevar castigo si se incumplen.


La COP15 se mantendrá por una semana más, pero, como era de esperarse, cada grupo aboga por sus intereses más que por los del planeta, o las generaciones futuras.


Nicaragua, sin embargo, no parecía hacer lo propio hasta el mes pasado, cuando firmó el acuerdo conocido como Alba Plus o Alba Ambiental en Cochabamba, Bolivia.


No obstante, esa indecisión está provocando consecuencias en la participación de Nicaragua en Copenhague, ya que aparentemente el país no llevó propuestas para enfrentar el cambio climático, o al menos desperdició la oportunidad para darlas conocer, según reportes de la sociedad civil nicaragüense en Dinamarca.


Nicaragua tuvo la oportunidad de unirse al bloque de los países pobres desde inicios de año, cuando la mayoría lo hicieron.


Estos países, 77 en total, se unieron para enfrentar a los más desarrollados, ya que de otra forma, sus voces no serían escuchadas en Copenhague ni en las reuniones previas, pues no sólo tienen economías individuales insignificantes a nivel global, sino que además no producen cantidades importantes de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que provocan el calentamiento global.


Así formaron el G-77, y se les sumó China, uno de los más contamina, pero no tanto por su desarrollo, sino por la cantidad de gente que aglomera, más de mil millones de habitantes.


Nicaragua dejó pasar esa oportunidad. Pero luego apareció la posibilidad del Alba Plus, que básicamente es la misma del “G-77 más China”, porque no pide, sino que exige a los países desarrollados a que asuman sus responsabilidades al provocar el cambio climático, entre ellas financiar proyectos de mitigación y adaptación, trasferir tecnología e invertir en investigación.


Tras el Alba Plus se le presentó otra oportunidad a Nicaragua para hacerse escuchar en bloque, que es más fácil que hacerlo de forma individual en las grandes reuniones mundiales.


Esta vez se trataba del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que tenía en el fondo la misma propuesta que el G-77 más China y Alba Plus. Pero Nicaragua tampoco se sumó.


Fue hasta fines de noviembre que el Gobierno nicaragüense decidió unirse a la propuesta del SICA. Y no fue, sino hasta el cuarto día de la COP 15, que Nicaragua anunció que se sumaba al G-77 más China.


Diferentes instituciones no gubernamentales de Nicaragua, como el Club de Jóvenes Ambientalistas, han interpretado esta decisión apresurada a la falta de políticas ambientales.


Otras, como el Centro Humboldt, ya habían advertido que Nicaragua no estaba muy de acuerdo con la posición de los países pobres, y que en algún momento estuvo más cerca de otros como Costa Rica, que parecía unirse a los ricos aún cuando estaba dentro del G-77 más China.


EL MUNDO PREOCUPADO


Salvo por Nicaragua, cuyo Gobierno parece preocuparse más por repartir culpas a los países desarrollados, el principio fundamental, o la meta única en Copenhague, es evitar que la temperatura del planeta aumente en dos grados centígrados con respecto a 1990.


Si el calentamiento supera ese punto, las catástrofes relacionadas con el clima podrían llevar a la humanidad al borde del colapso, debido a que los huracanes, sequías, deshielo de glaciares, aumento del nivel del mar, entre otras amenazas, provocarían con mayor frecuencia situaciones de desastre, hambruna, enfermedades en sitios nuevos, pandemias, escasez de agua, revueltas sociales, incluso posibles situaciones de anarquía, y hay quienes creen que todo esto atentaría contra la existencia humana.


De hecho, actualmente uno de cada seis habitantes de la Tierra sufre por hambre, en parte, gracias al cambio climático, según datos de Oxfam, la organización internacional dedicada a temas sociales y ambientales.


Esto ocurre en un mundo cuya atmósfera tiene una concentración de GEI de 430 partes por millón (ppm, un gramo en un millón de gramos), de modo que, si se siguen acumulando más gases dañinos, el umbral de los dos grados centígrados se cruzará en el año 2030, cuando la contaminación alcance las 450 partes por millón.


Este es justamente el problema que tienen en sus manos los líderes de todos los países del mundo.


Los GEI son sustancias contaminantes que provocan el calentamiento de la Tierra, porque evitan que el calor creado por los rayos del sol rebote de regreso al espacio, de modo que terminamos viviendo en una suerte de horno.


Pero el ser humano ha basado su desarrollo en la producción de estos gases.


Los gases “problemáticos” son el dióxido de carbono, el metano y los fluoruro carbonados. Los primeros los producen los vehículos, despales, movimientos de tierra, industria, entre otros. Los segundos son por las vacas o basureros. Los últimos se encuentran en aires acondicionados y aparatos similares.


LAS RESPONSABILIDADES Y POSICIONES


Tanto Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, señalan al Hombre como posible responsable de la situación actual de planeta.


Actualmente la energía eléctrica produce el 24 por ciento de los GEI, el cambio de uso del suelo el 18 por ciento, mientras que la agricultura, industria y el transporte, emiten el 14 por ciento. Los países desarrollados se sienten aludidos por esto.


Datos de la Agencia Internacional de Energía indican que Estados Unidos, China, la Unión Europea, India y Rusia, son responsables de casi dos tercios de las emisiones de dióxido de carbono relacionados con la energía.


Estos países pretenden que todas las naciones paguen por igual por la contaminación en la atmósfera, que se sometan a las mismas oportunidades y restricciones.


Algunos de estos quieren que la reducción de GEI sea legalmente vinculante, es decir, que el país que no cumpla sea sancionado, pero otros creen que la reducción debe ser voluntaria, lo que atenta contra las esperanzas de que las emisiones de GEI bajen a los niveles de 1990.


Los países emergentes, como Brasil, China e India, son un grupo peculiar, porque sus emisiones son altas por la cantidad de gente que habita en ellos más que por su industria. Aún así, están experimentando un desarrollo notable.


Estos prefieren reducir emisiones de forma voluntaria a índices propios de la década actual, lo cual no es visto como realista para frenar los efectos del cambio climático.


En cualquier caso, las opciones para financiar la defensa ante el cambio climático son variadas.


Están desde el pago por servicios ambientales, hasta el pago por no botar bosques, donaciones directas, o el Fondo de Cambio Climático.


En cualquier caso, la propuesta final se conocerá la noche del 18 de diciembre, cuando el mundo anuncie un acuerdo, se sume o no Nicaragua.


Una estrategia desconocida


La Estrategia Nacional de Cambio Climático, elaborada por el Gobierno de Nicaragua como parte de los compromisos adquiridos con la firma del Protocolo de Kioto, para luchar contra el cambio climático, es un documento desconocido, a pesar de que la información que contiene puede ser de vida o muerte.


Este documento marca las pautas para enfrentar este fenómeno en Nicaragua, con detalles sobre cómo afecta a la economía, la agricultura, el medio ambiente, la salud, entre otros grandes temas de la vida nacional.


Al menos en teoría, la Estrategia busca determinar cómo la gente puede mitigar los impactos del cambio climático y algunas formas de adaptación al mismo, con información actual y tendencias futuras del país, tengo geográfica como políticamente.


Sin embargo, la misma lleva más de un año mantenida en secreto, como parte de las políticas de “libertad” de información del Gobierno de Nicaragua.


Incluso la oficialización de la Estrategia fue hecha en secreto por el Gobierno, razón por la que hasta ahora solamente las instituciones públicas la están aplicando, a pesar de que el cambio climático afecta a toda la población.


Algunos científicos nicaragüenses consideran incluso que la Estrategia no existe, porque después de un año necesita ser actualizada, pero al no estar publicada, el documento pierde vigencia, de modo que si hoy se publica necesitaría mejoras.


El mito del sumidero


La política de comunicación del Gobierno de Nicaragua, de sensurar toda información que no pase por las manos de la pareja presidencial, hace que algunas personas en el país ignoren que viven en uno de los territorios más amenazados y vulnerables al cambio climático, así como el hecho de que los bosques nacionales ya no son suficientes para hacerle frente al fenómeno.


Según la Segunda Comunicación de Cambio Climático nacional, que también está sensurada y sólo se puede conseguir de forma clandestina, como en tiempos de guerra, Nicaragua ya no es un país sumidero de los Gases de Efecto Invernadero (GEI).


Sus bosques ya no logran capturar más GEI de lo que produce el país, porque son superados por la contaminación del dióxido de carbono y el metano.


Actualmente Nicaragua aporta el 0.03 por ciento de los GEI a nivel mundial.


La cantidad es insignificante, pero esto podría costarle millones de dólares al país porque los donantes prefieren una nación “limpia” antes que una sin control de sus GEI.


En 1994 Nicaragua absorvió 14,748 gigagramos (14.7 millones de toneladas) de dióxido de carbono, el gas que más favorece al calentamiento global, por el cambio de uso de suelo. Para el año 2000 no sólo no captó este gas, sino que produjo cuatro veces más de lo que fijó seis años antes.


El cambio de uso de suelo es la principal razón de la situación actual, ya que en el año 2000 produjo 47,496 gigagramos (millones de toneladas) de GEI.


Le siguió la agicultura, con 7,101 gigagramos, y la energía, con casi 4,000 gigagramos.


Lo datos de la Segunda Comunicación son del año 2000, por lo que se puede presumir que el problema aumentó nueve años después, especialmente si se toma en cuenta que en Nicaragua desaparecen 55,000 hectáreas de bosques cada año y en 2009 se consumieron 50 megavatios de energía más que hace tres años.


Esto borra el mito de que Nicaragua es un país sumidero de los GEI, pues comprueba que en realidad es una nación contaminante.


Todavía no se sabe cuándo él Gobierno hará público alguno de estos datos.

Marcador comentar


Quién votó este artículo



Comentarios


Submit a Comment
 Name :